martes, 1 de noviembre de 2016

“Hoy volví temprano porque tenía ganas de verte”.-


Cuando ya asomaban los últimos rayos del sol pensé en el café, en el té. Negro como me gusta con cereales. Avena, manzana deshidratada, miel, canela, pasas de uva, trigo… esas ganas locas de regresar, de ver los libros arriba llenos de polvo mezclados con viejos diarios, ordenados de una manera desordenada con ese olor que tenían aquellas aspirinas rosadas pediátricas. El cemento de los viejos ladrillos desgranándose sobre los estantes y cayendo a la planta baja sobre el sofá, la mesa, el televisor, los cuadros, el espejo… con ese ventilador que en veranos hace de aire acondicionado para mitigar el calor que genera la resolana sobre el ventanal que no hace más que rajar año tras año la cortina doble beige que frena el calor del verano. Tenía ganas de volver a usar ese brasero donde improvise más de una receta kamikaze. Mi lugar, ahhh… si pudiese describir las miles de sensaciones que brotan bajo ese portalámparas sobre el banquete. Esas ganas de revisar el origen etimológico de algún término en aquel viejo diccionario Sopena de dos tomos del abuelo de 1902 o de sobrescribir sobre aquel planisferio que la abuela había enmarcado sobre una cartulina verde manzana en 1995 que aún sobrevive doblado en dos entre un montón de revistas en la habitación contigua. Esa habitación que albergó mi primer escritorio improvisado por el abuelo sobre una vieja Singer o cómoda que servía de lugar para hacer mis deberes cuando volvía de la escuela. Ese lugar que me vio crecer de todas formas, de superarme día tras día a lo largo de dieciocho y más años, donde mi cuerpo y mi mente se sienten tan a gusto que es el único lugar donde puedo poner la mente en blanco y soñar con las cosas que más deseo en el fondo de mi corazón. Ese lugar donde soy yo mismo oficiando de cocinero, de asador, de electricista, de artesano, de carpintero, de albañil, de rey, de artista y de un montón de cosas más. 
Hoy decidí volver más temprano aunque haya pasado mucho tiempo. Ya estoy acá. ¡Por favor! ¡No desesperen! Si bien los perros ya no están, las paredes están como locas. Hay algo que vibra alrededor o en mi. Se escuchan todo tipo de ruidos que no son más que los que emanan de mi corazón al llegar una vez más. 
Llegue a mi lugar. Ese lugar que es todo lo que necesito y con el que soy todo sin tener nada.




P.D.: "sanguches", helados y cereales, ;)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada